Considerado como el padre del estilo Goju-ryu de karate, Kanryo Higaonna llevaba una vida muy frugal. Aunque tenía poco dinero, no aceptaba nada de sus discípulos y solo les permitía que le regalaran comida una o dos veces al año.

Los discípulos de Higaonna creían que un profesor tan bueno se merecía tener más estudiantes y le sugirieron que pusiera un cartel fuera de la escuela como los otros dojo, Kanryo se negó: “Si pongo un cartel, estaría invitando a cualquiera a que viniera a practicar y eso es inaceptable. Enseñar artes marciales es como dar a alguien un arma. Si la persona inadecuada recibe esa arma, puede herir a personas inocentes”.

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